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Vivir el Carisma

En todos los rincones, comienza a sonar en la mente y en el corazón, esa melodía, que llegando el 21 de noviembre se despierta en nuestros labios: “Hoy es la fiesta … a tus pies yo pondré: ilusión, esperanza y amor…”

Niña María

María los presente, como un rosario de infinitos colores, ante Dios.

Según la cultura, el país, la realidad y las circunstancias, a los pies de la Niña María vamos depositando esos silencios dictados desde el corazón, para que

Las Hermanas de la Presentación vivimos esta fiesta desde la alegría y satisfacción de sentir que estamos realizando día a día la voluntad de Dios, que se concreta en las obras de misión y apostolado que cada comunidad realiza allá donde está destinada.

Pero vivir el carisma es mucho más que unas actividades apostólicas. El carisma es nuestra identidad, lo que nos hace ser y sentir en unidad, más allá de las buenas relaciones humanas. El carisma son esos lazos invisibles que, no sabes cómo, han ido creciendo a lo largo del tiempo y traspasan fronteras, edades y criterios.

La Congregación de la Presentación se mantiene viva porque las Hermanas que las formamos valoramos:

  • las diferencias como riqueza
  • la edad como experiencia acumulada que se transmite y/o nos renueva
  • la enfermedad como oportunidad de apostolado y ofrecimiento a Dios
  • el fracaso como momento de crecimiento
  • la vida como espacio sagrado de encuentro con Dios y con el hermano

Ser Hermana de la Presentación es la vida que Dios ha proyectado en cada una de nosotras para alcanzar nuestra plena felicidad.  Por ello, celebrar la Niña María, es para nosotras compartir en nuestros lugares de misión nuestro mayor tesoro: el Carisma que nos hace ser, sentir y vivir como Hermanas de una misma Congregación. Y lo hacemos renovando en nosotras los rasgos carismáticos: sencillez, disponibilidad, alegría, acción-contemplación y servicio a la Iglesia.

 

Soledad Sáez Sánchez