Noticias destacadas

Contemplación-Acción. Un rasgo esencial en nuestro carisma

“Maximiano nos enseña que la máxima fecundidad de la Iglesia es servirle como Pablo, uniendo la contemplación y la acción; teniendo un pie sobre la tierra firme de la vida contemplativa y otro en el mar de la otra vida de acción y de servicio al prójimo. Pues nuestra llamada no es solamente de recogimiento y retiro, sino de celo y trabajo por la santificación de los hermanos. No llegaremos a  transfigurarnos por medio de la santidad si nuestra vida no ilumina y dirige a las personas que nos han sido confiadas. Teresa de la Asunción nos deja constancia de este equilibrio y armonía en su espiritualidad.”

Vivir en un equilibrio constante entre la contemplación y la acción

(Plan general de formación.Capítulo 1 – punto 15)

Uno de los rasgos más característicos de nuestro carisma, es sin duda esa unidad que hemos de encontrar en nuestra vida entre la contemplación y la acción. Nuestros fundadores así lo dejaron bien claro desde el principio. En nuestra vida se han de dar ambas y la una no tiene sentido sin la otra.

En la contemplación hemos de buscar y vivir la unidad con Dios. La oración es el motor que ha de sostener  nuestra vida y donde hemos de clarificar nuestras motivaciones. Desde ella nos impulsamos a nuestra misión específica, donde buscaremos incansablemente el bien y estaremos al servicio de los hermanos que se nos confían. En la misión nos desgastamos, dejamos nuestras fuerzas por lo que debemos volver nuevamente a la contemplación, para que sea Dios quien a través de nosotras, se haga presente a los demás.

Esta unidad contemplación-acción hace que entendamos oración como un campo de misión, y al mismo tiempo la misión es para nosotras oración.